09 febrero 2007

Las 3 edades del ladrón: III El Destornillador

Por fin llegamos a la resolución del ciclo que ha llenado las entradas del blog en esta semana. Para mí es un punto clave en toda la historia que estoy contando. La comenté en un post hace algún tiempo. Al leerla se darán cuenta de lo absurdo de muchas cosas. De como la cara se convierte en cruz y lo positivo se convierte en negativo. El yo y su némesis. Si les parecen patéticas algunas declaraciones que hayan oído a lo largo de su vida, esta les servirá para añadirla a la lista. Puede que hasta le den algún galardón.
Como he venido haciendo estos días, intentaré hacer un micro resumen. Lo mejor para llegar a entenderlo, sería leer todo el blog, y por eso, ¡sí tendría que darles un premio! ¡Qué sé hay bastantes lectores que lo han hecho! ;) Si leen los últimos cuatro post, también podrán hacerse una ligera idea :)
Los antecedentes: estuve trabajando en una empresa de informática 8 años. Al principio todo parecía ideal, pero luego... horarios interminables, sueldos de risa, miles de noches sin dormir por ansiedad y nervios, broncas injustificadas, mi jefe escurría el bulto para dejar que los clientes se ensañaran con uno, contratos basura, malas prácticas de todo tipo, humillación a algunos empleados, mentiras, sobre todo muchas mentiras, hasta en lo más estúpido... y un empleado, este servidor que les habla, que en vez de cortar por lo sano mucho tiempo atrás se quedó aguantando y aguantando... consiguiendo que su jefe tuviera un idiota al que poder reventar y echar culpas. Después de anteponer el trabajo a mi vida privada durante los primeros casi 6 años, decidí empezar a ajustarme a los horarios, exigir mejor sueldo, etc... mi jefe pensó: "Rebelión" y eso se paga, con mi jefe... eso se paga. Así llegaron los rumores de vago y las acusaciones de ladrón y las humillaciones y afrentas de todo tipo. Cuando no se tiene respeto por una persona...
Notas aclaratorias: a mi jefe no le gustaba que le dijeran las cosas de sopetón, de forma que no tuviera preparada una salida para "salvarse". Sin embargo sí que le gustaba utilizar esa estrategia con los demás, es decir, aquí te pillo, aquí te mato, y no te doy tiempo para defenderte y además ya me he preparado todas las respuestas posibles. No te digo nada con antelación para que no puedas rebartirme y así siempre me quedo con la última palabra. Por otro lado, en esa época ya era evidente que se quería deshacer de mi departamento. Estaba consiguiendo o prevía conseguir mucho dinero y cada día estaba más chulo e insoportable.
Usábamos los mismo destornilladores eléctricos desde hacía 5 años. No funcionaban porque ya las baterías estaban agotadas o los motores estropeados. Estaban más que amortizados. De hecho, como no nos compraba herramientas, tenía que ir a los clientes con esos destornilladores y para girar los tornillos, lo utilizaba como si fuera manual. Los clientes me veían y se echaban las manos a la cabeza, cuando no se iban a reír a una esquina. Patético.
Ya por la época de este suceso no teníamos material en el coche para arreglar cosas sobre la marcha, aunque siempre quedaban cables viejos, estropeados y olvidados debajo de los asientos.
El viernes anterior: como pringadillo tenía que hacer muchas cosas, entre ellas, llevar el coche al mecánico o limpiarlo. Esta vez me tocó llevarlo a hacer los típicos cambios de aceite, filtros, etc... y alguna cosilla más. Ese día, por raro que parezca, pude salir no mucho más tarde de la hora normal (eso es unas 1 ó 2 horas extras que nunca cobraría) y pude por fin, ir a clase de alemán, después de demasiadas semanas sin asistir, por culpa del trabajo. La furgoneta la recogería mi jefe, supongo que para irse a su casa de la playa. Cuando la dejé en el taller estaba algo cochambrosa porque no tenía tiempo de limpiar, de forma que quedó algo más que suciedad dentro. Y esto último es realmente importante en todo este cuento de fantasía.
Día de los hechos: Después de un fin de semana patético, como todos los míos, debido a la depresión que tenía y lo desilusionado y harto que estaba de todo y del trabajo lo que más... voy a currar. Llego casi a la hora a pesar de las colas y la falta de sueño. La mayoría de mis compañeros ya se encontraban allí. Lo primero que me recibe es la cara de mala hostia de mi jefe. Me "invita" a acompañarlo a la "sala" de reuniones (un espacio acotado por estanterías) . ¡Uy! aquí pasa algo muy grave. El sujeto tenía cara de buscar pelea, sumamente agresiva y pendenciera. Yo no entendía nada, por lo tanto, a escuchar para conseguir más información. En las reuniones casi todo el mundo se ponía lo más lejos posible de mi jefe, no sé si por el olor o por no tenerlo cerca. Bueno, los acólitos siempre se le ponían al lado. Yo también lo hacía. A mí me daba igual, además si me tenía demasiado cerca, le costaría más girar la cabeza para hablarme. Los más lejanos estarían directamente en su campo de visión. Esto, entre otras cosas, servía para bostezar sin que te viera. Sus discursos eran largos, así que sólo citaré dos o tres frases de las que me acuerdo, y que son las importantes. Con muy mala hostia, pero muy mala hostia y un tono muy brusco, me dice: "El pasado día dejaste la furgoneta en el taller"... Erkemao: "Sí, claro, es lo que me dijiste" (uy, ¿qué habrá ocurrido?). Jefe:"Pues te dejaste algo más". Erkemao: "No sé, creo que no había nada dentro". Jefe:"¿Cómo que no?Te dejaste un destornillador eléctrico y un latiguillo (cable) de red". Entorné los ojos y la cabeza como diciendo: no te entiendo, ¿qué me quieres decir?. Mi jefe prosiguió: "No cuidas el material ni la herramienta de la empresa, así desaparecen las cosas". Yo cada vez estaba más aturdido, no estaba nervioso, y la tensión cada vez era menor... sólo pensaba: "esto es de locos". Mi jefe concluyó (con voz elevada y en plan serio, borde, amenazador, chulo, arrogante, zafio, intolerante, estúpido...): "Y para mí eso es lo mismo que robar... porque al que yo coja robando lo echo por la puerta para afuera" Mi mente dejo de funcionar por un instante. Creí oír el primer verso del Bohemian Rhapsody de los Queen: "Is this the real life? Is this just fantasy?". No podía procesar las palabras que me estaba diciendo, no era capaz de llegar a comprender nada... es decir, me estaba llamando ladrón otra vez. Delante de todos mis compañeros y en una acusación tan absurda como ridícula. Había perdido casi 6 años de mi vida entregado a esa empresa (ver post de ayer), viviendo un infierno, sin recibir nada a cambio, sino insultos y humillaciones, y mi jefe me acusaba de un delito bochornoso por dejarme un destornillador que no valía nada y un mísero cable de 30 céntimos en la furgoneta. Después de darlo todo... después de anteponer el trabajo a mi vida... Sí, el mundo se había vuelto completamente loco o todavía estaba dormido y todo era una puta pesadilla. Yo no dejaba de tener la mirada fija en él. Siguió farfullando, vomitando y regurgitando palabras atroces y frases indecentes durante un rato, pero yo no estaba allí, había pasado a otra dimensión. Cuando volví en mí, no tenía rencor, no tenía ansiedad, no tenía temor, sólo tenía ganas de reír. Era todo tan estúpido, tan grotesto, tan ridículo que daban ganas de carcajearse, de desternillarse (nunca mejor dicho) de risa. Vi por un momento las caras de mis compañeros y eran todo un poema. Me mantuve neutro. Por una vez en mi vida, creo que mi faz se volvió inexpresiva, pero por dentro no podía contener las ganas reír y reír. Cuando recuperé la sensación de realidad, mi jefe estaba terminando. Dijo en un plan chulo, con una sonrisa cínica dibujada en su rostro, prepotente, como el tipo duro de película del oeste: ¿Tienes alguna pregunta?"* Simplemente respondí en un tono coloquial, sin resentimiento: "No". Lo formal en estos casos habría sido preguntar: ¿dónde está la cámara oculta? o ¿te drogas?. Pero a mí sólo me salió ese NO. Estaba tranquilo, no me sentía amenazado, de hecho sus palabras dejaron de significar nada para mí. Le había perdido el respeto. Esa persona ya no era un pilar, un guía, un director... se había convertido en un alfeñique, una caricatura rocambolesca simulacro del enojo, un sucedáneo de ser, un ente amorfo insustancial, sin esencia, un borrón en una hoja de papel viejo y arrugado, la representación del sinsentido y el rostro fatuo y difuso de la absurdidad...

*Me viene a la cabeza otra letra de canción: "Soy duro" de la banda de heavy irónico y vacilón Gigatrón (Soy duro, difícil de pelar... no te me pongas chulo... o te voy a machacar. Cuando voy por la calle... la gente se aparta "¡fuera!", y es que soy duro de verdad...). Son las risas.

08 febrero 2007

Casi 6 años en el infierno: mis números

Esta será sin duda una de mis entradas más elocuentes, y no en el sentido parlanchín y abundante en palabras, sino en el sentido estadístico y de datos. Son unos cuantos números y conceptos, pero no van a ser aburridos. No será una sucesión de tablas monótonas y gráficas "cadeno-montañosas". Les voy a describir con dígitos y letras mis primeros casi 6 años de trabajo en aquella empresa. Serán los segundos en conocer estos datos; el primero tuvo el honor de ser mi jefe, hace ya bastante tiempo en una famosa reunión que de vez en cuando les cito (aunque en ese momento yo le daba las cifras de 7 años, así que éstas cambiaran un poco). En ese momento fue muy interesante ver su reacción. A parte de darme la razón como a los locos porque no le daba la gana creerse nada que no fueran sus mentiras, se dio cuenta de que había muchas cosas que lo dejaban muy mal como empresario y persona. Además de sus indirectas, le gustaba mucho inventarse numeritos para demostrar cosas, una habilidad que debería haber redundado en la creación de una nueva matemática y una nueva contabilidad... pero ¡ay ay!, parece que en Hacienda y en los Bancos siguen anquilosados con las tablas de multiplicar de toda la vida. Un genio incomprendido.
Bueno, vamos con los datos. Algunos de ellos como los sueldos, puede que no les sorprenda demasiado, pero teniendo en cuenta el trabajo desempeñado y las responsabilidades que me exigían, les puedo asegurar que no eran muy equitativos.

1.- Empecé a trabajar por unos 500 euros netos. Seis años después cobraba unos 780 netos (pero llevaba menos de un año con ese sueldo), pocos meses antes todavía cobraba unos 715. Compañeros míos de estudios cobraban unos 720 cuando empezaron a trabajar, y sin tener ningún tipo de responsabilidad ni tener que hacer horas extras. Los que las hacían, eran remunerados por ello. Busqué información, y más del 50% de esa subida se debía al incremento del IPC, es decir, unos 150 ó más de esos euros, eran obligación de la empresa para compensar el coste de la vida. Sólo 130 ó menos se debían a un aumento de salario por propia voluntad de la empresa. Esto supone unos 21,5 al mes y por año, pero partiendo desde 500, no lo olviden. No es lo mismo que si empiezas desde 1.000, por lo tanto da una sensación de subida del salario más importante de lo que es. Yo no era de los peores en aumentos, pero había otros compañeros que sus sueldos habían crecido como la espuma...
2.- Estuve sin contrato los primeros 4 meses, y después durante otro mes y medio, a pesar de haber realizado en esa empresa las prácticas. Además se me cambiaba de empresa en cada nuevo contrato para evitar que acumulara antigüedad.
3.- No tuve vacaciones el primer año. Los siguientes, cuando las tuve, las tenía abortar muchas veces para arreglar temas de trabajo.
4.- Tenía una antigüedad de unos dos años y medio a pesar de llevar más de 5 y medio trabajando la empresa.
5.- Ahora les daré unos resultados que les van a parecer falsos y polémicos. Se trata de las horas extras. Voy a ser moderado en mis cálculos y aún así las cifras les parecerán imposibles. Todo son aproximaciones para no entrar en detalles tediosos.
Cada año puede constar de unos 225 días laborables (a 365 días reales les quitamos unos 100 en fines de semana (aunque yo trabajé muchos años los sábados), otros 30 de vacaciones (en los que no descuento sábados y domingos) y unos 10 por días festivos (no quito días por enfermedad o papeleos, porque raramente iba al médico o a otra cosa que no fuera trabajar).
Cada día, y creo haberlo reflexionado bien, podía trabajar como mínimo unas 3 horas y media de más (y no incluyo los fines de semana que también trabajaba, y en casa pasaba muchas horas delante del ordenador para resolver temas del curro). Me quedo corto, pero sigamos. Nótese que buena parte de esas horas eran bajo presión y estrés.
El tiempo que estimo en total para el cálculo, serán unos cinco años y ocho meses, así que multiplico por 5,65.
El resultado aproximado que nos da es el siguiente:

225(días) * 5,65 (años) * 3,5 (horas c/día) = 4. 450 horas extra realizadas.

Usando datos aproximados: un trabajador de mi convenio realiza en un año, unas 1800 horas.
Si traducimos a años laborables las horas extra: 4450 / 1800 = 2,5 años(redondeando)

Es decir, en unos casi 6 años de trabajo, había trabajado el equivalente a 8 años y medio. Esto, siendo moderado. Mi empresa tenía la particularidad de que el horario era de 35 horas semanales, claro que los sueldos también eran para 35 horas, perdón, rectifico: los sueldos para los pringadillos podrían ser equivalentes a esas 35 horas. No voy a revisar los cálculos para las peculiaridades de mi empresa, porque prefiero no saber los valores que pueden salir.
Con toda esta información, háganse una idea de cuanto podría haber obtenido en ingresos la empresa si lo hubiera cobrado, y quédense con ese dato, porque será muy importante para dentro de unos cuantos post, cuando relate las cifras que echaron abajo a mi departamento. Por supuesto, mi empresa regalaba mucho trabajo a los clientes, pero el que no obsequiaba, lo cobraba y se quedaba con lo pagado, lo cual no veíamos los empleados, al menos los pringadillos y algunos otros. Debía haber visto antes la película "Trabajo basura (Office Space)".
No cobré ni una de esas 4.450 horas, así que háganse una idea de lo que dejé de ganar...
Ricemos el rizo: teniendo en cuenta lo que cobraban otros profesionales en otras empresas decentes haciendo el mismo trabajo que yo... imagínense lo dejado de percibir en salarios corrientes...
6.- Los días libres prometidos (ver post de hace dos días "Las edades del ladrón: II El Cliente") en ese tiempo que no llegué a disfrutar podían estar entre 10 y 20.
7.- 2 finiquitos perdidos, de los cuales, al final conseguí cambiar uno por mercancía.
8.- Trabajos extra de redes no pagados, los cuales en parte conseguí cambiar por un ordenador.
9.- Nunca me pagaron dietas.
10.- El pago del uso del coche propio era simbólico y para nada compensaba el gasto y el riesgo de usarlo.
11.- Facturas de parking, material sencillo como regletas enchufes, brocas, etc... que tuve que poner de mi bolsillo y que no recuperé.
12.- Pérdidas de horas de sueño: incuantificable
13.- Se me cayó buena parte del pelo.
14.- Fines de semana destrozado en casa (cansancio, estrés, enfermedad, ansiedad, depresión...) : incuantificable
15.- Costes en la salud física y psíquica: incuantificable
16.- Costes personales (amigos, familia, amores...): incuantificable
17.- Otros costes: prefiero ni saberlo.

Con toda esta información y con la lectura de los post sobre el trato del gerente hacia mi persona (por no citar a muchos compañeros), podrán entender que cuando le puse el nombre al blog, no lo hacía por casualidad. Cuando decidí contar mi experiencia laboral, tampoco lo hacía por casualidad. En otras circunstancias, nunca lo hubiera escrito, porque puede haber muchos roces en una empresa, pero cuando un empleado decide ir al ámbito público, seguro que es por algo verdaderamente traumático. Las acusaciones o pseudoacusaciones de vago y ladrón, que en cualquier caso son bastante denigrantes, en mi caso en particular, eran especialmente dolorosas, malintencionadas y crueles. Lo peor que me ha sucedido al narrar cada día mis experiencias "laborochungas" y tener contacto con ustedes, es darme cuenta de que no soy una excepción peculiar, sino que muchos han sufrido o sufren experiencias parecidas. ¡Ánimo para todos los currantes de buena fe!

No se pierdan el post de mañana. Si todo esto les parece desmesurado e increíble... la próxima entrada les sorprenderá ;)

07 febrero 2007

Cuando casi mato a tres personas

Permítanme hacer un punto y aparte en las anécdotas que he estado narrando estos dos últimos días. Tanto hoy como mañana realizaré dos descripciones que serán importantes para entender toda la trascendencia de la última entrega de "Las edades del ladrón" (de fondo sonido del gatito de la Metro-Goldwyn-Mayer... Grrrrr Grrrrr). Luego sí que tendré que escribir un post sobre mi vida personal y familiar debida a esta experiencia que me toco en suerte o en desgracia, vivir.
Durante buena parte de los ya casi 6 años que llevaba en aquella empresa, fui técnico de calle, es decir, estaba de una u otra forma todo el día yendo a clientes y a proveedores, por lo cual pasaba menos tiempo en la oficina. Es difícil resumir todos esos años en un blog, y menos en unas líneas, pero tengo que tratar de hacerlo para que se haga una idea, estimado lector, del estado en el cual me encontraba, tanto físico como anímico, 5 ó 6 años después de empezar a trabajar.
Cuando estaba dentro tenía mucha tensión por las broncas, los clientes, las malas prácticas de mi jefe y secuaces... Cuando estaba fuera, casi siempre era a un gran nivel de estrés: no hacía sino correr de un lado para otro con la furgoneta o mi coche. Los clientes pedían , exigían y echaban broncas (mantenimientos, clientes normales (ver "Otra bronca de un cliente: cortesía de mi jefe2 de 2 de febrero), de mi jefe, ). Mi jefe y acólitos me rompían el ritmo, me ponían la zancadilla en el trabajo, dejando todas las responsabilidades para mí y todas los méritos para ellos y tenía que terminar los trabajos fuera de horas. Pasaron los años y llegaba a trabajar hasta 16 horas al día y nunca menos de 10 ó 12. No fue inusual llegar a casa a las 12 ó la 1 de la madrugada. Prácticamente no dormía durante semanas y cuando lo conseguía era sólo para tener pesadillas. Apenas comía, porque ni tenía ganas ni tiempo. Mi vida personal estaba hecha un desastre. No salía y si lo hacía era para emborracharme. Me atormentaba coger un teléfono, porque casi siempre era para recibir un exabrupto. Cuando al otro técnico de calle lo pusieron a hacer trabajo de logística, todo el día estaba tirando de mí por el tema del transporte y venga más prisas, más presión, más locura... Mi jefe y otros barajaban rumores sobre mi falta de profesionalidad, insinuando que era un vago y un ladrón. Aunque no lo sabía, tenía depresión. En definitiva: un cóctel molotov. Con este panorama, se pueden hacer una idea de lo cansado, despistado y amargado que estaba. Y tenía que conducir y llegar a mil sitios a tiempo y hacer mil cosas en mil lugares diferentes al mismo tiempo... y encima temas informáticos donde muchas veces 1 +1 no es igual a 2. En una semana casi le quito la vida a 3 personas en pasos de peatones y semáforos. Todavía me despierto agitado cuando lo recuerdo. Digamos que la fortuna hizo que no tuviera que cargar ningún accidente en mi conciencia, pero en varias ocasiones estuvo a punto de ocurrir, y en concreto, en una semana, a punto de ser fatal 3 veces. Una semana muy horrible. No dejaba de pensar en aquellas personas. Las veía en sueños. Tenía la secuencia de los hechos dando vueltas en mi cabeza todo el tiempo.¡Qué nervios!¡Qué estrés!¡Qué arrepentimiento! Yo estaba jugando con la vida de los demás, y con la mía propia, por una empresa que encima me trataba mal. ¿De quién hubiera sido la responsabilidad si hubiera ocurrido algo? ¿De la empresa? ¿Cómo se puede devolver una vida arrebatada?
Esta experiencia, me hizo reflexionar, y a partir del siguiente lunes, ya no hubo más prisas. Ahora si podría decir mi jefe que era un vago. Nada de carreras. Si llegaba tarde a un cliente o a un sitio y cerraba, me daba igual. Eso lo apliqué a mi escasa vida personal. Si llegaba tarde al trabajo, ¡qué me despidieran! ¿qué le hubiera dicho mi jefe a un juez? "¡Señor juez, señor juez, lo despido porque llegó 20 minutos tarde, pero me encanta que todos los días durante 6 años me haya trabajado gratis 3, 4, 5, 6, 7, 8 ó 9 horas más al día y haya cargado con mi ineptitud!" Ridículo.

06 febrero 2007

Las 3 edades del ladrón: II El cliente

En el post anterior había descrito como mi jefe nos lanzaba indirectas sobre que éramos ladrones, aunque el tiempo demostró que buena parte de lo "robado" no había cambiado de propietario. La acusación no era directa, pero al encontrarme dentro del grupo de personas a las cuales había intentado mancillar, no podía por menos que sentirme aludido. Este sentimiento se me quedó muy marcado, porque a parte de ruin y villano, me parecía muy injusto. Si es la primera vez que me lee, seguramente no podrá entenderlo, tendría que echar un vistazo a las otras entradas del blog para comprender lo que quiero exponer.
Pocos meses más tarde de aquella sucesión de indirectas, mi jefe volvió a las andadas, pero estaba vez de una forma totalmente vilipendiosa* y retorcida. Desde mi punto de vista, y después de lo que he contado estos meses, tiene que ser un acto consciente, premeditado y haciendo arrogancia de muy mala fe, el que lleve a tales extremos. Hoy me puede más el corazón que la cabeza. Si no tiene ganas de seguir leyendo, en el último párrafo se encuentra la moraleja, pero... yo leería el resto ;)
Cierto día, una empresa a la que desde hacía relativamente poco tiempo le llevábamos el mantenimiento, iba a inaugurar otro negocio. Era una organización importante y conocida en mi región. Para tal evento, se encargó a mi empresa la creación de una presentación multimedia para ilustrar en una pantalla, que era y como se había construido tal edificio. Yo lo conocía muy bien, porque estaba justo en frente de nuestra empresa, y durante bastante tiempo vi como iba tomando forma, desde que empezaron a excavar hasta que concluyeron los últimos remates. En tal acto iban a concurrir diversas personalidades de la ciudad tanto desde el punto de vista político como económico, por lo tanto estamos hablando de un hecho relevante. Era un viernes si no recuerdo mal. Llegado el momento, mi jefe me pidió que le echara una mano. Él no controlaba el tema técnico. Presto, y como siempre, me puse al servicio de la empresa, porque consideraba que mi aportación era un granito más para el bien del negocio y por ende, para el mío propio... ¡qué equivocado estaba! Quedaba un poco feo que un gerente de una empresa, que ya estaba presumiendo de importante, tuviera que estar enrollando cables e intentando arreglar ordenadores, si estos fallaban. Por estas razones me quedé para supervisarlo todo. Mi jefe me prometió un día libre por ello que por cierto, nunca he visto. Se le veía bastante aliviado de quitarse un muerto de encima.
Antes de que comenzara el acto, estuve colocando el ordenador, el proyector, la pantalla, los cables, etc... Estaba enchufando aparatos y a mi lado se encontraba uno de los dueños de esa empresa y mi jefe. Como había mucho que enchufar y pocas tomas libres, les comenté: "Hace falta una regleta o un ladrón** para poder enchufar lo que resta". Respuesta de mi jefe al propietario de aquel negocio: "Este sí que es un ladrón profesional" (entre risas y refiriéndose a mí). Lo primero que se me pasó por la cabeza fue contestar: "Y tú eres un...", pero haciendo gala cobardía me limité a reír irónicamente el "chiste". Entre falsas risas aquello pasó desapercibido, pero cualquier persona que estuviera allí y lo hubiese oído, lo primero que habría hecho sería llevarse la mano a la cartera. ¡Qué c### le pasaba a ese individuo conmigo! ¿Cómo podía acusarme de ladrón delante de un cliente y de una forma tan canalla? Todo el asunto me olía muy mal. Mi jefe tenía algún problema conmigo. Seguramente pensara o le metieron en la cabeza que yo era un ladrón, pero tampoco me acusaba claramente o tomaba una decisión. Por otro lado, yo también fui estúpido al no intentar averiguar que ocurría. Si yo era un ladrón, ¿porqué se me habían dado las llaves de la empresa durante tantos años?¿por qué hacía las cajas y tenía contacto con el dinero?¿por qué tenía responsabilidades? ¿por qué no estaba despedido? Ni que decir tiene que después de este suceso y cuando volvía al turno de mañana, entregué las llaves de la empresa y sólo delante de testigos y por fuerza mayor, cobraba facturas o tocaba la caja. Me sentía muy afectado. Estaba, como otras muchas veces, un viernes por la noche dedicando mi vida al trabajo, después de currar todo el día, y se me pagaba con insultos y ataques a mi honor y a mi integridad como persona. En las otras ocasiones por lo menos la gente de otras empresas me daba las gracias por supervisarles los actos; mi empresa ni eso... no sólo no me pagaba las horas extra, sino que simplemente me llamaba ... "Ladrón".
Años más tarde, en una larga reunión que tuve con este sujeto, le comenté el suceso y que era una falta muy grave de respeto hacia mi persona. Me contestó que sólo era una broma. Nunca en mi vida había escuchado una "broma" de ese tipo. Durante años he preguntado a amigos, a mi familia, a gente conocida... que les parecía esta broma, y todos me dijeron lo mismo: "No hay ningún chiste. Te llamó ladrón". Eso mismo me pareció a mí. ¿Ustedes que opinan?

Con los años he aprendido una lección de este hecho y de algunos más que me ocurrieron en esa empresa. Si tu jefe (si es un jefe poco claro o vengativo) da indicio por sus acciones o por sus palabras de estar molesto contigo por algo, no lo dejes pasar. Puede que se trate de algo que has hecho mal o algo que él piensa que has hecho mal y no te lo dice, o alguien que ha dicho que has hecho algo mal. Trata de enterarte de que es lo que ocurre. Deja pasar unos días. Habla con él, habla con la gente de tu entorno y descubre cual es el problema, porque puede que algo o alguien(v. El "amigo" del jefe) esté envenenado la relación y acabarás siendo culpable de cualquier cosa, aunque estés a miles de kilómetros.


* Según la Real Academia Española

vilipendioso, sa.



1. adj. Que causa vilipendio o lo implica.

vilipendio.

(De vilipendiar).

1. m. Desprecio, falta de estima, denigración de alguien o algo.


** Según la Real Academia Española

ladrón, na.

(Del lat. latro, -ōnis, bandido).

1. adj. Que hurta o roba. U. m. c. s.

2. m. Portillo que se hace en un río para sangrarlo, o en las acequias o presas de los molinos o aceñas, para robar el agua por aquel conducto.

3. m. Toma clandestina de electricidad.

4. m. Clavija que tiene salida para varias tomas de la corriente eléctrica.

5. m. coloq. granuja (ǁ pícaro). U. t. c. adj.

05 febrero 2007

Las 3 edades del ladrón: I Las indirectas

Con esta entrada voy a abrir un ciclo de unos 5 ó 6 días dedicados a la primera gran humillación que tuve en esa empresa. Es parte de lo "bueno" que iba a contar y que no voy a aplazar por más tiempo. Los que me han leído hasta ahora seguramente se queden perplejos por tal afirmación. ¡Cómo que primera humillación! Si desde que empezaste el blog casi cada entrada cuenta ofensas, menoscabos, desprecios, burlas, vilezas, mortificaciones, desdenes, afrentas, deshonras y vergüenzas (un diccionario de sinónimos es muy útil ;) ). No se equivocan, eso es lo que he narrado hasta ahora... pero después de 100 entradas... ¿pensaban que el gerente no iba a ir más allá? El siempre podía ir más lejos, igual que Willy Fog. Como ya he comentado, cuando hay dinero se acaban los complejos y empieza la chulería. Mi jefe acabó con el complejo de humildad y comenzó su chulería caciquil. Como también he repetido, y sirve de resumen para los que me leen por primera vez, mi jefe no era capaz de cuestionar lo que le decía la gente, aunque ésta le hubiera fallado anteriormente. A sí, cuando cualquiera que no fuese un pringadillo* le decía algo malo de un pringadillo, lo aceptaba sin preguntar a la parte acusada. Si por ejemplo, un cliente que se burlaba de él continuamente, le decía que tal empleado era un vago, eso era incuestionable. Nunca desconfiaría del cliente, pero sí del empleado aunque este último tuviera testigos y pudiera probar la verdad. A lo largo de mucho tiempo tuve esa sensación tan desagradable. Alguien había dicho algo de mí. Algunos hacían correr rumores sobre que me iba a dar vueltas con el coche en vez de trabajar, y algunos seguramente afirmarían necedades más viles... de esta forma me convertí en su objetivo, y hasta que no logró acusarme con "pruebas" y de la forma más ruin y perversa, no descansó.
Uno de los apodos con el que cariñosamente recuerdo a mi jefe es: "El Gila". Así comenzó la humillación y la desconfianza. Mi jefe estaba ciertamente molesto cuando le exigí volver al turno de mañana, y cuando empecé a ceñirme al horario. Pero estaba ciertamente molesto con todo mi departamento, porque éramos los únicos a los que podía insultar sin que le contestaran. Cuando estaba frustrado con algo o con alguien, nos buscaba. Algunas veces estábamos trabajando y como se sentía muy poderoso, venía y decía cosas como: "Alguien ha robado unos altavoces...y yo sé quien fue", "alguien ha robado un portátil", "alguien ha robado un MP3..." Eso nos recordaba a los monólogos de Gila, en concreto a aquel del Jack el Destripador... (Me enteré donde vivía Jack el Destripador, me instalé en el mismo hotel y como no me gusta la violencia, le detuve con indirectas. Nos cruzábamos por el pasillo y decía yo: "Alguien ha matado a alguien... y no me gusta señalar...". Al día siguiente nos volvíamos a encontrar y le decía: "Alguien es un asesino... y no quiero decir quien...)", jajaja Era para partirse de risa. Lo mejor es que el gerente dejaba caer de vez en cuando la coletilla: "... y yo sé quien fue". Años más tarde cuando le recriminé esa falta de respeto, negó y renegó que él dijera esas cosas, que si él llegaba a saber quien era, lo echaba a la calle al instante. ¡Qué patético! Dudaba y desconfiaba de nosotros, pero como no tenía cojones para acusar a nadie, acusaba a todos a la vez, a ver si saltaba la liebre. Cuando se iba, todos nos mirábamos como diciendo... "¿De qué va este tío? ¿está mal de la cabeza o qué?" Lo más curioso de todo, es que algunas de esas cosas que él decía que le habíamos robado, estaban en su casa. Por ejemplo, los altavoces cuadrofónicos, el portátil, que más tarde sirvió como herramienta de trabajo para un compañero... Del MP3 no supimos nada más, pero teniendo en cuenta la cantidad de gente que pasaba por allí entre clientes, amigos, falsos amigos, familiares, etc... creo que debería haber extendido un poco sus acusaciones. O todos o ninguno. En fin, que no tenía remedio.

* Pringadillo: término peyorativo para referirse a los empleados de 2ª o peor clase en una empresa. Son los que más trabajan, los que menos cobran y a los que más joden.

04 febrero 2007

El salvaje

Hoy les contaré otra anécdota para enmarcar. Este era el típico cliente rabieta, y me atrevería a decir, el típico cliente chantajista, que sabe que armando un buen pollo puede conseguir que las cosas le salgan gratis. Aunque no le quito la razón en parte de lo que decía, su reacción fue tan desproporcionada y salvaje, que a partir de aquel día cambié mi modo de pensar hacia los clientes (lo lamento por los buenos clientes).
Un poco antes de que me pasaran de nuevo al turno de mañana, estuve trabajando unos meses en el de tarde. Una de estas tardes, estaba yo solo y el jefe, que estaba reunido con un cliente. Por aquel entonces nuestros departamento (ensamblaje, montaje, reparación de PCs, redes, etc...) estaba formado por unos cuantos compañeros pringadillos y una coordinadora, que se supone que coordinaba el trabajo de todos y daba las órdenes. Aunque claro, y ya lo comentaré en otro post, sus ambiciones iban más lejos que dirigir a un grupo de pringadillos, así que su fidelidad estaba más orientada al jefe, que a aquellos con los que se había formado y había estado trabajando varios años. A parte de esto, cada vez había una política más restrictiva en cuanto ir al almacen a sacar material para reparar o vender, por lo tanto, yo no tenía llaves, y las personas que podían hacerlo, trabajaban por la mañana.
Cierto día, un cliente, con el que ya habíamos tenido algunos problemas años atrás, apareció por la puerta. La puerta se abría mediante un interruptor. Presioné el botón y deje entrar al señor con su señora. Me empieza a contar lo que quería; había visto una grabadora de CDs que quería adquirir ;) Por alguna razón, que ahora he olvidado, no se le pudo atender esa misma mañana (tal vez porque no tenía efectivo), así que le comentaron que pasara por la tarde a recogerla. Bien, le expongo al caballero que lamento no poder venderle la grabadora, pero no dispongo de las llaves del almacen porque soy técnico y no puedo acceder para ir a buscarla. El cliente, que era un cascarrabias, pasa de corriente continua de pilas AAA a cables de alta tensión de 25.000 voltios. Se veían las chispas saltado por todo el local. Empieza a gritar, y digo GRITAR (no levantar la voz): "A mí me dijeron que había una grabadora para vender y yo quiero esa grabadora", "me lo dijo una señorita", "tú no puedes decirme que no hay grabadora, porque esta mañana estaba y yo dije que la quería"... Uffff ... trato de calmarle:"Señor, si yo no le digo que se haya vendido, sino que está en el almacén y no tengo acceso... por favor pase mañana y se la podremos instalar". Otra cosa que no le habían comentado es que nosotros no vendíamos los componentes sueltos, sino que además, su instalación, corría a nuestro cargo, lo que siginificaba que tenía que traer el ordenador. Cliente: "¿cómooooooooooooo? Esto es una falta de respetooooooo, quiero la grabadoraaaaaaaaa, no voy a traer el ordenadorrrrrrrr, me están tomando el pelooooooooo, esto es una vergüenzaaaaaaaaaaaaa. Yo quierooooooooo la grabadoraaaaaaa, me dijeron que había una grabadora y yo la quieroooooo y la monto yoooooooo". Uffff, ufffff trato de calmarlo nuevamente: "Lo lamento, no sé lo que le dijeron, igual hubo un malentendido, pero es que no puedo acceder al almacen, y la política de empresa es que las montamos nosotros por lo que me tiene que traer el ordenador" Bueno, fueron los 15 minutos más violentos de mi vida. Aquel energúmeno tenía más resonancia que cualquier auditorio. Los berridos debían de oirse cuatro calles abajo, y eso que la puerta estaba cerrada y tenía cristales de seguridad, de los gordos. Yo como siempre, en plan pasivo, aguantando la embestida, intentando disculpar a la empresa por el malentendido (o no tan malentendido). Mi jefe apareció en los primeros 5 minutos para cerrar la puerta que daba al otro local, donde tenía su despacho. El cliente rabioso, seguía profiriendo alaridos: "No tengo tiempooooooooooooo, yo vine porque me dijeron que había una grabadoraaaaaaaaaaaaaa, y ahora estoy perdiendo la tardeeeeeeeeeeeee (no eran más de las seis), porque me dijeron que había una grabadoraaaaaaaaaaa y yo quiero la grabadoraaaaaaaaaaaaaaa" (imagínense si llega a ser un anillo de poder para atar a todo el mundo a las tinieblas y no una grabadora... la que se hubiera montado, con orcos, trasgos y elementos afines saltando por doquier). Todavía, el idiota que les escribe, intenta calmarlo y le dice: "Bueno, pues vaya a otra tienda, que aún es temprano". El cliente furibundo: "Noooooooo, que yo estuve esta mañana en la ciudad de al lado y si lo séeeeeeeeeeeeee la comproooooo en otro sitioooooooo..." Erkemao: "Eso le digo, que no se la puedo entregar, mejor que la adquiera en otro comercio si le corre mucha prisa": Cliente echando espumarajos por la boca: "Mi tesssssorooooooooooooooo", ups digo, "Mi grabadoraaaaaaaaaaaaaaaaaa, esto es una tomaduraaaaa de pelooooooooooooo, a mi me dijeron que había una grabadoraaaaaaaaaa...." Y por fin (les va a costar creerlo), apareció mi jefe, más rojo que un pimiento y andando con la cabeza baja, dispuesto a morder en partes vitales... y le dice echándole una bronca:"¿Quién es usted para violentar esta empresa? ¡Qué gritos son esos! ¡Qué falta de respeto!" Y algo más de lo que no me acuerdo, pero que por la forma y la sonoridad, hizo que repentinamente, la bestia parda se acojonara... y así como muy modosito (como decimos en mi tierra) y con carita de perrito apaleado, comenta en voz baja: "No mira, es que a mí una señorita me había dicho que había grabadora, y claro yo venía para comprarla, pero parece que no me la quieren vender..." Yo era flipado. Después de toda la caña que me estaba dando, que se estaba desahogando a gusto, va y se queda como el niño al que le llaman la atención, todo bueno y callado. Mi jefe le dice: "A usted no le vendo nada y lárguese de aquí, que es usted un maleducado"... después de unos cuantas frases cruzadas se veía al salvaje cada vez más cerca de la puerta y cuando estaba fuera y con la cabeza por dentro dice: "Es que yo te compré una vez un monitor....". "¡Fuera!" De infarto fue aquello. Si no me equivoco, fue la 2 ó 3 vez, y última, que mi jefe me defendió de un cliente en todos aquellos años. Al menos, que yo tenga constancia. Creo que se debió más a la imagen que estaba dando la empresa al cliente con el que estaba reunido, que un apoyo a su empleado, pero bueno, a mí me valía.
A partir de aquel día tuve clara una cosa: al próximo cliente que se le ocurriera gritarme, levantarme la voz, tratarme con desprecio o irrespetuosamente... o le aflojaba una torta y presentaba mi renuncia o descolgaba el teléfono y llamaba a la policía. Lamentable o afortunadamente nunca llegué a ponerlo en práctica, porque no tuve más incidentes de ese tipo y a mi departamento le quedababa poco tiempo de existencia.

03 febrero 2007

Como librarte de un departamento que no te gusta

Buenos días, tardes o noches tenga usted, estimado lector que visita este blog. En esta entrada voy a hacer un resumen de la política de mi empresa en cuanto al departamento en el cual me encontraba. Es muy importante para entender el post de mañana, que seguro que les encantará. Mi departamento (por llamarlo de alguna forma, porque la propia creación de los departamentos era una imagen de cara al exterior, para aparentar ser una empresa grande y rentable), se dedicaba al ensamblaje y reparación de equipos informáticos, así como redes, mantenimientos, etc... Desde nuestro punto de vista (pringadillos), no era un mal negocio. No era superproductivo, pero permitía mantenernos a nosotros, al resto de miembros de la empresa que se dedicaban a tareas burocráticas y también al nuevo e incipiente departamento de software, que contaba con pocas personas, pero con sueldos más elevados. Mi jefe, basándose en el cada vez más competitivo mercado en el que nos movíamos, entendió que era un departamento condenado a morir tarde o temprano. Cuando consiguió meterse en temas de subvenciones por proyectos europeos y ventas de páginas web a empresas públicas y privadas, tuvo claro que conseguía muchos más beneficios. De esta manera, mi departamento era una losa para sus aspiraciones y para su imagen, ya que le asociarían al cacharreo y no a las corbatas y trajes finos. A pesar de ello, seguíamos siendo productivos y con una cartera de varios miles de clientes. Sólo era cuestión de marketing conseguir mantenernos y generar ingresos. Pero mi jefe ya había decidido. El problema es el siguiente: ¿cómo cargarme un departamento sin indemnizar a los empleados? Tema complicado. Habría que buscar la manera de que ellos se marchasen solos. Además, ¿cómo justificar la eliminación de un departamento que obtiene beneficios? Jugar con números no era posible, se le podría cuestionar rápidamente. Mi jefe, según mi opinión, tenía en mente otro plan. Dejemos que muera, pero para ello habrá que ponerle obstáculos que no parezcan tales. Así, con una serie de reuniones a lo largo de poco más de un año, en el cual progresivamente iría quitando marcos de actuación, lograría su objetivo.
Su primer gran aliado: ley de garantías. Esta ley cambiaba totalmente la manera en que los talleres como el nuestro prestaban el servicio. Para un empresa pequeña, era letal, porque no podría soportar garantías de 2 años en un mercado con tan bajos márgenes. Después llegaron las restricciones de venta. Se dejaron de vender componentes individuales tales como: discos duros, grabadoras de cds, tarjetas de vídeo, etc. La condición para venderlas era que nosotros las instaláramos para garantizar el trabajo. Pusimos unos márgenes un poco excesivos que ayudaron a espantar a muchos clientes. Por ejemplo, instalación de grabadora: 30 euros. De por sí ya teníamos precios más caros en los componentes, así que instalar una grabadora podía salir entre 90 y 120 euros. Muchos clientes nos dijeron: "me voy a otro lado". Después llegaron las políticas de discriminación de clientes, es decir, dar la impresión al cliente de la calle de que se encontraba en una empresa de demasiada calidad para el populacho. Mala atención por parte de los órganos superiores, a lo que se sumó en ocasiones las malas caras nuestras por todo lo que nos estaban puteando. No podías decirle a un cliente:"lo siento, pero en la cara se ve lo que me están amargando todo el día". Los clientes se fueron esfumando. El trato por parte de jefe y acólitos era bastante diferente a años atrás y muchos interesados nos dijeron: "desde que atienden sólo a empresas importantes (por decir algo) pasan de los clientes pequeños". ¿Cómo decirles a estos clientes, que no era intención nuestra, sino que nos obligaban desde arriba? Después llegaron las ventas de equipos preensamblados con características concretas. Esto es lo que hay: lo tomas o lo dejas... Ni que decir tiene que sólo eran empresas las que nos compraban. Los clientes individuales se fueron yendo porque ni siquiera podían pedir un equipo a la carta... Ya casi no podíamos vender nada, al final ni siquiera tinta para impresoras o cds. Con estas políticas y varias cosas más se consiguió echar abajo mi departamento. Pero esto ocurriría en 2004. Todavía voy por 2003 y dando saltos para atrás. Lean el post de mañana, para que puedan ver un ejemplo esperpéntico que me sucedió al tratar con un cliente. ;)

02 febrero 2007

Otra bronca de un cliente: cortesía de mi jefe

Esta es una muy buena anécdota para explicar como mi jefe escurría el bulto para escapar de clientes enfadados. En particular, de interesados a los que él había prometido cosas y como se había olvidado o había pasado de solucionarlas, acabó usando a sus empleados como escudos humanos. La filosofía de mi jefe, y según mi opinión personal es: "Ante un problema, coge a un pringadillo y ponlo delante. Cuando el cliente se canse de darle, entonces ya podré hablar con él tranquilamente. Le diré lo mucho que me he enfadado con el empleado por su falta de profesionalidad y encima voy a quedar como un tipo duro que sabe escarmentar a los ociosos y como un buen gerente que se preocupa de los problemas de sus clientes". Esta manera de pensar servía para muchos. Los podía engañar multitud de veces y siempre salir bien parado. Pero a otros clientes no era tan fácil tomarles el pelo, y menos a aquellos que le conocían desde hacía mucho tiempo o le habían tratado a menudo.
En cierta ocasión, sábado por la mañana para más inri (se ve que lo mío es aguantar broncas los sábados), estaba haciendo varias tareas en mi empresa: reparar ordenadores pendientes, atender teléfonos y clientes, etc... cuando repentinamente aparece mi jefe. Permaneció unos minutos y luego me dijo:"Erkemao, mira, que se me olvidó decirte ayer que hoy por la mañana temprano tenías que ir casa del cliente X. Haz lo siguiente: llámale y discúlpate por el retraso... no sé, dile cualquier cosa... como que estabas liado, o que te olvidaste, ya sabes, cualquier mentira piadosa, que no es una mentira eh, sino claro es por un despiste, pero eso no es mentir. Queda con él para que te diga donde está su casa y le solucionas el problema. Perdona por no habértelo dicho antes (cara de perrito apaleado, como diciendo, tío tienes que ponerte en mi lugar, porque el cliente se va a enfadar, y tú no quieres que me jodan, ¿verdad?)". Bien, el cliente en cuestión, es otro viejo amigo (o no tanto) y además una persona pública muy conocida en mi comunidad autónoma. ¡Qué bien! Lo llamo y le empiezo a contar "la historia"... pero como que con este cliente no se puede estar con tonterías. Me interrumpe en medio de la llamada y me dice: "A mí no me importa lo que te haya pasado o que te hayas liado, tu jefe me dijo que estarías aquí a las 8 y media y ya han pasado casi 2 horas, en las cuales he estado esperando como un idiota. Esto no son maneras, tu jefe me había prometido arreglarme un problema y ahora vienes y me dices que te has entretenido con otra cosa... yo no estoy para juegos.... y bla, bla , bla, bla "... con una mala leche y un tono, que tenía el teléfono móvil separado un metro de la oreja y me retumbaba su voz en la cabeza... cuando a los 10 ó 15 minutos terminó, me dijo: "Mira amigo, lamento esta bronca que te acabo de soltar. Sé que tú no tienes la culpa. Perdona si te he ofendido o te he hecho pasar un mal rato, pero me has cogido rebotado. De verdad que lo lamento. Yo me imagino lo que ha pasado. Perdona nuevamente, por mi brusquedad y comportamiento, que no tienes porqué aguantar mi mosqueo. Ya hablaré con tu jefe cuando lo vea y le diré un par de cosas. Ya es tarde y me tengo que ir, así que no vale la pena que vengas a casa. Perdona nuevamente y buen fin de semana". Hasta me quedé tranquilo. Había soportado un cuarto de hora de ataque brutal, pero sus disculpas me parecieron sinceras. Además, el hecho de que dijera que se imaginaba lo que había pasado me hizo suponer que no era la primera vez que mi jefe le había dado plantón y había intentado escurrir el bulto. Digamos que ese fin de semana pude dormir. Por fin un cliente sabía de donde cojeaba el gerente y no se había dejado embaucar*.

* Según la Real Academia Española:

embaucar.

(De embabucar).

1. tr. Engañar, alucinar, prevaliéndose de la inexperiencia o candor del engañado.

01 febrero 2007

El candado

Nuevamente vuelvo a dar marcha atrás en el tiempo, a cuando trabajábamos en aquel garaje insano pero de gratos e ingratos recuerdos. Estos enlaces les pueden ser útiles para ponerse en situación: los peligros del garaje I, los peligros del garaje II y los peligros del garaje III. A continuación, les resumo rápidamente como era nuestro lugar de trabajo y como sufríamos los pringadillos, aquellos empleados de segundo nivel, como éste que les escribe.
Cuando empecé a currar en aquella empresa, después de unas verdaderamente penosas prácticas, estuve varios años metido en un garaje sin iluminación, ni aire fresco, con humedades, bichos y suciedad. Estábamos expuestos a muchos riesgos laborales como la electricidad, cortes, caidas, productos tóxicos, etc... Además el jefe y algunos compañeros con cierto poder en la empresa, nos tenían amargados y reventados porque no confiaban en nosotros, nos utilizaban para desahogar sus frustraciones personales y profesionales y nos insultaban diariamente, afirmando que no hacíamos nada, que éramos pésimos empleados, y además, se nos acusaba de los errores, aunque los cometiera el jefe y sus secuaces. Mucha presión, muchos nervios y mucho estrés, que hacía que no durmiera casi nunca y que terminara de trabajar a las 11, 12 ó 1 de la mañana cada jornada, cuando debería haber terminado a las 9 de la tarde. Además éramos responsables de hacer la caja, y como el jefe metía mucho la mano, llegábamos al día siguiente acojonados por descuadres en las cuentas del día anterior y que no entendíamos a que se debían.
El salón/garaje se cerraba con un gran candado cada noche. Cada uno tenía un juego de llaves. Como salía muchas veces tan tarde y tan reventado, a veces me despistaba de poner el cierre. O eso creía yo. No fueron pocas las ocasiones en que regresando a casa de madrugada, daba media vuelta y volvía a la empresa a comprobar que había cerrado bien la puerta y que había puesto el candado. La verdad, y perdonen mi expresión, es que era una putada... porque no tenía ni fuerzas para comer y regresar a la empresa, llegando ya a casa, era un fastidio. Pero tenía que asegurarme para poder intentar dormir, sin que otra cosa más me hiciera dar vueltas en la cama y para evitar la bronca del día siguiente. Alguna vez que salí no tan tarde y estaba seguro de haber puesto el candando, volví. Y el candado estaba quitado. Luego al día siguiente bronca o insinuación de falta de responsabilidad. Pero alguien había estado después de irme, pero claro, eso no lo podía demostrar, así que me da, que mi propio jefe entraba más tarde a buscar algo y al salir se olvidaba de poner el dichoso candado, pero claro... era más fácil echarle la culpa a otro. A todas estas, lo más importante es resaltar la angustia que tenía que pasar cada noche por una cosa absurda pero trascendente, por la cual tampoco había una retribución. Además mi empresa pasaba olímpicamente de poner alarma, y presumía continuamente de poseer un seguro para estropicios a la hora de trabajar, ¿pero le cubría en caso de robo? A lo mejor sí, y eso era interesante. Es fácil que te despidan si ocurre algo, pero por el contrario no se pagaba esa responsabilidad.