06 marzo 2007

Eres culpable hasta que se demuestre lo contrario

A lo largo de mi vida he oído mucho la siguiente frase: "inocente hasta que se demuestre lo contrario". Luego en muchas películas pasaba lo contrario, todas las pruebas daban un culpable, hasta que en el último momento el policía o abogado de turno, salía airoso del caso. Pero a fin de cuentas la idea era la misma: "se es inocente mientras no se demuestre que se es culpable". En mi empresa no era así. La máxima por la que se regía mi jefe es: "ACME S.A. acusa y si eres inocente, demuéstralo". Por ejemplo, mi jefe te decía: "Te dejaste el garaje abierto" y tú no tenías forma de demostrar que no habías sido. Más gente usaba el garaje, incluido el propio gerente, ¿cómo podías aseverar tu inocencia? Era así de tétrico. Durante años no cesó en su empeño de hacer acusaciones unas tras otras: desapareció tal cosa, dejaste de hacer tal otra, hiciste mal no se que, etc... Lo peor era cuando las acusaciones eran basadas en relatos de "otros". Estamos hablando de "amigos", "clientes", "desconocidos" ... Cualquier cosa que ellos dijeran era lo correcto y absolutamente cierto. Tú tenías que demostrar que se equivocaban, lo cual era llamarles mentirosos y llamar mentiroso al jefe, con lo cual ya te convertías en un deshecho reincidente dentro de la empresa.
Al revés. ¿Qué pasaba cuando el jefe hacía algo mal? Te lo tenías que callar. Por ejemplo y siguiendo el anterior de el garaje; muchas veces encontré el coche abierto y con el freno de mano bajado o la puerta mal cerrada. Eso era un lapsus, que le puede ocurrir a cualquier, mientras que si te pasaba a ti, se trata de una grave negligencia.
Esta pequeña entrada de hoy servirá para ilustrar la controvertida entrada de mañana, en las cuales comentaré una última de las pruebas que nos vimos obligados a superar y que ya, de manera irreversible, supuso el final de mi departamento.