27 abril 2007

Pastillas, depresión y odio

Hacia agosto de aquel año 2005, tuve la cita con el psiquiatra y la psicóloga. Durante aquellos meses estivales había conseguido relajarme un poco por las noches. Levemente. Como cada día, iba más muerto que vivo a la empresa. Llegaba y aparcaba el coche relativamente lejos, para darme un paseo e ir tranquilizándome. Si me acercaba a la empresa demasiado pronto, antes de la hora de entrar, aguardaba en la esquina de una calle que confluía con la de mi empresa, para entrar justo a las 8, ni un segundo antes. Siempre había algo tensión en el ambiente. No quería encontrarme con mi jefe y mucho menos oírle. Entraba rápido. Saludaba en voz baja a la chica de la entrada y me desplazaba rápidamente hasta mi sitio. Todo lo más calladamente posible. Tratando de pasar desapercibido. Este ejercicio repetido durante meses y meses hasta pasar más de un año era, en cada ocasión, un bautismo de fuego. Si tenía mala suerte, me encontraría con el gerente, y en alguna ocasión sus comentarios eran una incitación a ... En fin, en el estado en que me encontraba, cualquier cosa que dijese o que hiciese el jefe, me molestaba. Me irritaba hasta la saciedad. Con el paso de los años y las situaciones cada vez más injustas y dementes que se producían a cada momento, había ido acumulando un odio y un rencor exacerbado* hacia mi jefe. Un resentimiento sin límites. Me sentía capaz de hacer cualquier cosa por liberarme del yugo que me oprimía. Llevaba algunos meses haciendo pesas para descargar mi frustración, con lo cual iba a trabajar muy cansado. Un cóctel explosivo. Si le añadimos lo comentado en el post de ayer... podrán hacerse una idea del grado de perturbación que me afectaba. Demasiada ira contenida. Aquel verano llamé a muchos de mis antiguos compañeros, para tener una tertulia y porque necesitaba conocer muchas cosas que había ido olvidando, tal vez por autoprotección. Si no me acordaba no sufriría. Creo que se encontraron al peor Erkemao que habían visto nunca. Vencido, iracundo, inseguro, triste... Sólo se me ocurrían dos soluciones para acabar con esto: una era mala y la otra era peor... Al final opté por la mala, y así acabé una mañana en la consulta de los "trastornados". Iba muy tenso. En mi cabeza sólo había un pensamiento: "Esta gente no me va a hacer caso. Van a pensar que lo que quiero es una baja. Van a pensar que estoy fingiendo. Voy a acabar peor de lo que estoy. No ha sido una buena idea. Mejor me largo de aquí". Con esa actitud entré en el despacho del psiquiatra. Totalmente defensiva. No había estado nunca antes en esa situación, y lo que mi cerebro me decía era que allí no me iban a ayudar. De entrada, lo primero que me sentó mal fue que había otra persona más. Una recién licenciada en prácticas. ¡Lo que me faltaba, contar mis problemas personales a dos desconocidos! (a la larga me sirvió para poder hacerlo ante muchas más personas ;) así lo refleja el blog). Expuse lo que me pasaba. El psiquiatra serio y con mirada inquisitiva me bloqueaba. NO podía expresar lo que quería y el "va a creer que miento" seguía dando vueltas en mi cabeza. La respuesta fue rápida y clara: "Tú no tienes problemas mentales, lo que tienes son tensiones por los problemas de la vida". Al menos ya sabía que no estaba loco o que aún me quedaba mucho que andar para caer en la locura. Sin embargo, el odio y la rabia que llevaba reprimida dentro me permitieron explicarle que era lo que sentía y así se lo dije: "Con todo lo que me ha pasado todos estos años me siento legitimado para defenderme como sea y eso incluye la violencia. Estoy dispuesto a usarla porque es la última salida que veo ante mis ojos". Me sentía lo suficientemente fuerte y desesperado como para cualquier mañana estamparle el puño en los hocicos a mi jefe, independientemente de lo que me sucediera luego. Eso no era importante. Quería desquitarme sin importar las consecuencias. El profesional me miró y me dijo que eso no era una solución, pero en ese momento yo me sentía derrumbado física y anímicamente. No veía ninguna salida, ningún camino, ninguna posibilidad. Después de hablar con él, tuve consulta con la psicóloga. Una mujer muy atenta que se tuvo que gozar la vuelta a la infancia de un tipo de 30 años y 85 kilos. Empecé a contarle resumidamente todo lo que podía recordar y todo lo que sentía por dentro... pero cuando iba llegando al final del verano del 2004, ya no pude más... rompí a llorar como un niño. Toda la tensión acumulada durante esos años, y los horribles meses que había pasado desde el verano anterior, acabaron por resquebrajar la falsa coraza que había construido a mi alrededor. Fue una situación muy embarazosa, pero al mismo tiempo una liberación, una forma de canalizar toda la ira, la amargura y la desazón. Tenía depresión. Llevaba arrastrándola sin saberlo durante muchos años. Aún así no me dieron la baja laboral. Me recetaron pastillas. Ansiolíticos. Una manera de relajarme, de intentar quitarme ese nivel de ansiedad y violencia latente. No me debieron ver demasiado mal como para que dejara la actividad que me estaba perturbando, ni a la persona que me estaba angustiando. Tal vez era yo el que había creado mi propio mundo, más exagerado que la realidad que me rodeaba. Sinceramente, no lo creo. En cualquier caso no me sentí lo suficientemente apoyado. Tomé esas pastillas, y otras, durante un par de semanas, luego las dejé. No era la solución a mis problemas. Había tomado una determinación mucho más cruel. Una idea iba tomando forma y con paciencia, mucha paciencia, la ejecutaría en su momento.


* Según la Real Academia Española:

exacerbar.

(Del lat. exacerbāre).

1. tr. Irritar, causar muy grave enfado o enojo. U. t. c. prnl.

2. tr. Agravar o avivar una enfermedad, una pasión, una molestia, etc. U. t. c. prnl.

3. tr. Intensificar, extremar, exagerar.


16 comentarios:

Yo mismo dijo...

Y en la esquina de la derecha con 85 kg de peso, pantalones vaqueros manchados de pintura y grasa de las estanterias EEERKEMAOOOO........


Ansioso de leer el siguiente capitulo de la telenovela.

OjoVirtual dijo...

Tio, me estoy acojonando, no se si comentar, no sea que reciba una host.... ;)

Yo he vivido muy de cerca algo parecido (me refiero a depresión) y lo de que no den la baja es relativamente normal, ya que dar de baja a una persona depresiva puede conllevar a encerrarla en su casa y provocar un posterior miedo a retomar la actividad diaria.

Me alegro de que hayas superado todo esto. Un abrazo (digital).

Erkemao dijo...

yo mismo XDDDDDDDDDD

ojovirtual tranquilo, ya estoy más flaco :P Además no soy cura, no me dedico a repartir .... jajaja

Un colega, lo contaré pronto, si tuvo peores problemas que los míos y le dieron la baja. Tener que convivir cada día con el la causa de tus trastornos no es buena idea.

Afortunadamente todos los que lo pasamos mal hemos ido tirando para adelante ;)
Un saludo.

Erkemao dijo...

ojovirtual, me alegro que tu también hayas superado el mal trago :)

narf dijo...

Te comprendo perfectamente, Erkemao, mi últimos días en esa empresa también tuvieron que ver con una baja, que curiosamente la doctora me dio sin que yo la pidiera. No sé como me vería. El caso es que a partir de los últimos meses que coincidí contigo en aquel sitio, ya no volví a ser el mismo de antes, y de he hecho he vuelto a tener dos bajas más, de igual manera propuestas por mi doctora de cabecera. Sé que hay mucha gente que piensa que todo el que está de baja por estos motivos lo hace para no trabajar. Habrá casos, no digo que no, pero en el mío y otros que he conocido, les aseguro que no. Pasan muchas cosas raras por la cabeza, y ninguna buena. Afortunadamente, el tiempo va pasando, uno aprende de los errores y parece que todo vuelve a la normalidad, pero cuesta mucho...

Erkemao dijo...

Hola narf,
recuerdo perfectamente que cuando cogiste la baja estabas tremendamente desquiciado.
Te llevaron hasta el extremo de que tuvieras un problema serio. No sé, los miembros del taller tendríamos que haberte ayudado más, pero la situación era tan tensa a todos los niveles que cada uno estaba demasiado ocupado en lo suyo.
Lo más deshonroso de todo era la sensación de indefensión que teníamos en el departamento. La sensación de que el jefe no estaba allí para apoyarnos frente a clientes y otros compañeros, sino que por el contrario era instigador y cómplice de los ataques. Para mí algo imperdonable. Así le llamé cobarde, cuando tuve la ocasión propicia. Creo que nunca se olvidará. Mientras tanto había dejado muchas afrentas en el camino.
Como tú dices, el tiempo va pasando y las cosas se van diluyendo. Lo que nos queda es la experiencia y la esperanza de que no nos vuelva a pasar, o que si nos pasa, poder reaccionar a tiempo ;)
Gracias por comentar.

Doctora Yvonne dijo...

Erkemao,
quería contarte que leo tu blog porque me gusta y asombra la pasión y la convicción con la que relatas tu historia en esa empresa. Este post me ha gustado especialmente, -quizás porque es un punto de inflexión en la trama-, o porque te muestras vulnerable y eso resulta simpático, (en general mantienes un tono sobrio y medido)
También me llamó la atención saber de tu timidez y de que te cuesta contar cosas tuyas a los otros. Tal como tú mismo dices, quizás esta mala experiencia te ha ayudado a superar esas barreras de expresión.
Capaz que ya lo explicaste antes y yo me lo perdí, pero no comprendo porque no dejaste ese trabajo.
Yo me considero una mujer medianamente sana y normal, no tengo necesidades urgentes, aunque tampoco tiro manteca al techo. Es decir, soy una mujer que necesita trabajar. Y yo en tu lugar, ya me habría ido a la mierda hace rato, no hubiera tolerado todo lo que tu aguantaste. Estoy segura de que tú necesitabas -por una razón personal tuya- vivir esa experiencia. La utilizaste para solucionar tu problema de comunicación.
Perdón por lo largo
saludos!

porfineslunes dijo...

Querido erkemao: lo que cuentas me pone los pelos de punta. Yo pasé por eso mismo, y además, casualidad también lo peor ocurrió en el verano de 2004... Yo sí que estuve de baja un mes, en pleno mes de agosto porque me aumentó tanto la tensión, que casi tengo un infarto cerebral por aumento de la tensión intracraneal, no te cuento más... Me hicieron mil pruebas, radiografías de la cabeza, pruebas de sangre, pastillas para migraña, nada daba resultado... Bueno, ya lo contaré más en detalle en mi blog.

Lo que tenía que haber hecho en ese momento era largarme porque la situación no daba más de sí, pero no lo hice, por mi familia... Es duro, pero yo creo que tú tenías que haberte ido entonces, no sirve de nada aguantar, sabiendo que de todos modos más tarde o más temprano las cosas acabarán mal de todas formas con esa persona... En fin, que no soy nadie para dar consejos, pero tu experiencia me ha hecho revivir la mía y se me han saltado las lágrimas y todo. Esta gente son criminales, y deberían estar todos encerrados, o en la cárcel o en un psiquiátrico.

Erkemao dijo...

Doctora Yvonne, no he contado en ningún post la razón exacta por la que aguantaba, pero otras personas me han hecho la misma pregunta. En los comentarios de la primera entrada del blog (de noviembre del 2006) le respondo a otro lector esa pregunta. Aquí te dejo el enlace:
http://erkemao.blogspot.com/2006/11/prembulo.html

Sí, tienes razón, eso me ha servido para tener claro que las cosas hay que hablarlas desde que detectes cualquier problema, así se resuelven antes y mejor. Además de cara a un empresario "cabrón" es mejor que sepa donde están sus límites, antes de que te pierda el respeto, en cuyo caso, ya no hay vuelta atrás.

También es cierto que por muy cerrado que seas de vez en cuando hay que abrirse un poco :)que uno es una persona, no un robot.

Gracias ;)

Erkemao dijo...

Por fin es lunes, lamento haber abierto una herida pasada. Joder, lo tuyo si que es fuerte. Te jugaste más que la salud, podía haber sido mucho peor. Estaré pendiente de tu relato. No sé que más decirte, me has dejado impresionado.
Muchas veces tienes que aprender a base de palos, pero parece que nosotros tuvimos que necesitar una paliza. Que nos sirva a nosotros para el futuro y que sirva para otros, que no comentan los mismos errores.
Un abrazo.

cebolla dijo...

Si estuviste haciendo pesas con toda razón querrías aplicarle un buen soplamocos al cabrón ese.

Erkemao dijo...

Cebolla, cosas raras se me pasaron por la cabeza y lo peor es que las soñaba por las noches. Hacer pesas me relajaba y me permitía encauzar la frustración, así me desahogaba. Pero no te creas que fue durante mucho tiempo, vamos que tampoco era algo que se me notara mucho.

María dijo...

Ha sido angustioso leerte. No sé cómo se solventó el asunto... pero voy a ver si consigo encontrarlo. Un saludo y buen año que despierta .~)

Erkemao dijo...

Hola María,
¡Feliz año nuevo!
Fueron unos momentos bastante tensos y, como tú dices, angustiosos. Cosas que ya pasaron.
Gracias por el interés :) Me da que escribí demasiado. En las últimas entradas hay un resumen rápido.
Saludos.

Anónimo dijo...

Gracias por compartir tus historias, en donde trabajo habemos muchos que estamos como tu!

Erkemao dijo...

Anónimo, gracias por leer y comentar. Espero que las cosas vayan mejor y que lo que he escrito sirva de algo. La situación ahora está bastante complicada por lo de la crisis y eso, imagino, dará más tensión a tu lugar de trabajo. El caso es que si son un buen grupo de gente y no hay roces entre ustedes, intenten sacarle partido a esa mayoría. En las empresas se usa mucho el divide y vencerás. Cuidado con los gestores que se dedican a eso.
Saludos.