26 febrero 2007

La competencia nos ayudaba más que nuestro jefe

Empezaremos la semana con una anécdota, cuando menos inverosímil. Otro ejemplo más de como nuestro jefe no tenía en mente otra idea que no fuera deshacerse del taller de reparaciones y de la tienda, a cualquier precio. Para todos aquellos que me leen por primera vez, les haré un breve resumen para ponerles en situación. Los que me leen a diario, sáltense unas líneas hasta el siguiente párrafo, que ya saben lo que voy a explicar. Trabajaba en una empresa de informática dedicada al ensamblaje de PCs, reparación y redes. Además teníamos una tienda de consumibles. Con el tiempo, mi jefe, al que le habían llenado la cabeza con más pajaritos de los que ya tenía, encontró una forma fácil de hacer dinero y "amistades": el software, programas y tendencia a las aplicaciones en Internet. Se metió en politiqueos para montarse al carro de las subvenciones: dinero abundante y fácil de justificar con papeles. De esta manera, sobraba el taller y la tienda, y aquellos que trabajaban en esas labores. Como despedir cuesta dinero, mi jefe con paciencia y tesón fue poniendo trabas al crecimiento de mi departamento, para poder justificar su cierre.
Desde el año 2003, y con la acólita número 2 como coordinadora, era evidente las trabas que nos estaba poniendo la empresa para poder trabajar y producir dinero. En cierta ocasión vino un cliente que quería instalar en su casa una red inalámbrica para poder dar soporte de banda ancha a varios ordenadores de la casa. Era una tarea más complicada de lo esperado, porque una enorme viga impedía la comunicación entre el punto de acceso y las tarjetas de red inalámbricas. En mi negocio, sólo disponíamos para hacer las pruebas de un punto de acceso y dos tarjetas que tenían bastantes meses de antigüedad. Ya habían aparecido unas nuevas y más potentes. No disponíamos ni de un portátil para ir comprobando la calidad de la señal en toda la casa. ¿Cómo lo resolvimos? No, no fue pidiéndoselo a nuestra empresa. Eso era un gasto inadmisible, es decir, cualquier "ayuda" al taller para su trabajo estaba "prohibida" de una forma subrepticia y oculta. Tuve que pedirle a un amigo que tenía una tienda, que me prestara los componentes necesarios para continuar. Técnicamente, mi amigo era competencia nuestra, pero aún así, accedió y gracias a él pudimos concluir las pruebas. Lamentablemente en aquel lugar resultaba imposible poner una red que no fuera completamente cableada. Eso es lo que hicimos al final. Funcionaba bien, pero desde luego que no es el trabajo del que me siento más orgulloso. Es una vergüenza que tuviera que pedir socorro a un negocio externo, porque mi propia empresa se negaba a ello. Es un muy buen ejemplo de como la organización estaba tratando de cargarse una de sus parcelas de negocio, fría y pendencieramente.

5 comentarios:

OjoVirtual dijo...

¿Y cómo la mataron??????????? ¡¡La impaciencia me corroe!!
Por cierto, me encantan las imágenes con las que acompañas los posts. La de F1,F1 es tremenda!!

Erkemao dijo...

jejeje, ya no queda mucho. Gracias por la paciencia Ojovirtual. La mataron con un jaque mate (aludiendo a uno de los comentaristas de este blog ;) ) Cuando ya no podía mover más. Hay que contar unas cosillas antes, pero ya esta cerca.
Hay chistes gráficos muy flipantes por la red, aunque a veces no consigo los que me gustaría. En el nuevo mundo digital, la ayuda es una tecla de función XD
Saludos.

Cebolla dijo...

Tanta creatividad para la autodestrucción me maravilla. Pensé que era cualidad exclusiva de los empresarios argentinos.

Misma mierda con distinto olor.

Daniel dijo...

Cebolla el fenómeno está extendido en todo el mundo. Algo hay que reconocerles a estos garcas,

ellos hacen guita mientras nosotos los "inteligentes" seguimos trabajando por miseria.

Hay que ser empresario

Erkemao dijo...

Cebolla, me da que es un tema universal. Trasciende las fronteras y las culturas... pero seguro que aprenden del mismo maestro. Como me decía otro comentarista en otro post: "deben ir a la misma universidad". Bueno, todavía vamos por la parte suave de la autodestrucción. Con mi jefe, la palabra límite no tenía sentido.

Daniel, creo que sí. El que se pueda hacer empresario mejor que mejor (hay muchos buenos empresarios y para la mayoría de ellos el trabajo no termina después de la hora de cerrar, así que no los pongo a todos en el mismo saco). También puedes prostituirte un poco y ser un trepa lameculos, que a esos les va muy bien, y si además eres lo suficientemente cabrón como para aprovecharte de otros, mejor que mejor). Me parece, de todas formas, que se nace siendo así, a las personas de buena fe no les cabe ese disfraz.

Gracias por comentar.

Saludos.