24 enero 2007

El día más largo

Hoy les voy a contar el que quizás haya sido el día más largo de trabajo que tuve en aquella empresa. Hubo muchos que fueron más extensos e intensos, en el sentido de llegar a casa y seguir buscando información y echarme a dormir con el trabajo como único pensamiento. Pero en este caso fue el más largo demostrable con un parte de trabajo.
Mi jefe estaba en negociaciones con una empresa más o menos importante. Ya eran clientes nuestros desde antes de comenzar a hacer andar su negocio. Lo eran desde que se instalaron para planificar la creación y puesta en marcha de su organización. Como era una empresa de aviación tenía varias oficinas o puestos en diferentes lugares, por lo cual y hasta que se llegara un acuerdo de mantenimiento o contrataran a sus propios informáticos, nosotros nos haríamos cargo del tema tecnológico. Un día, el otro compañero de campo y yo tuvimos que ir a las diferentes sedes a llevar los ordenadores y realizar todas las configuraciones de redes. Para ello mi compañero iría en avión hasta un par de sedes y yo lo haría en barco hasta otra, ya que tenía que llevar muchísimos equipos con sus monitores , impresoras y demás. A las 5 de la mañana ya estaba en la empresa. Tenía que cargar un montón de cajas en una pequeña furgoneta. Alguna caja acabó como copiloto, debido a que estaba hasta los topes el espacio para carga. Luego tendría que ir al puerto, embarcar, y cuando llegase todavía me quedaban unos 70 kilómetros de autopista, la cual pasaba por una importante ciudad a primera hora de la mañana de un lunes. Yo andaba tenso. Una piedra a mi lado era como mantequilla. Muchas cosas nuevas para un sólo día para una persona que le estresa conducir, con la furgoneta hasta los topes y con poco tiempo para hacer muchas cosas en un lugar desconocido. Me encanta la presión. Sin muchos problemas conseguí llegar a ese aeropuerto después de todo. Hubo muchos líos de pases, no había red informática, tenía que colocar de todo en un hangar enorme, no había ADSL y tenía que estar con esa furgoneta de un lado a otro del aeropuerto. Se pasaban las horas y todavía quedaba mucho por terminar. Cuando al fin acabamos, resulta que un par de equipos se quedaban en la ciudad y había que pasar por las oficinas. Yo no conocía la ciudad. Para no perderme tenía que seguir a uno de los trabajadores de esa empresa. Total, que llegando, lo perdí de vista, debido al tráfico. Genial,¿ y ahora?. No me acordaba ni del nombre de la calle. Pero se ve que era mi día de suerte porque dando un par de giros y sin proponérmelo lo encontré en unos minutos. Había más posibilidades de sacarte la lotería. Todo no iba a ser bueno, había urbanos multando a todos los coches en doble fila. De alguna forma conseguimos convencerles de que nos dejaran un rato para descargar las cosas. Ya eran las 6 de la tarde o más y no había desayunado ni comido. Luego, con algunos problemas les instalé los equipos e impresoras en una oficina que estaba siendo acondicionada. Cuando terminé ya quedaba poco tiempo para poder tomar el último barco de vuelta y aún, mucha carretera por delante. Conseguí llegar a tiempo y embarcar. Cuando pude dejar la furgoneta en la empresa eran cerca de las 12 la noche. Sólo había tomado un micro sandwich a la vuelta, no había bebido nada y había pasado un estrés tremendo durante 18 ó 19 horas. Además, ese día era 17 de marzo y yo solía ir con mis amigos a un pub irlandés a celebrar San Patricio. Cervecitas, conversación, música, amistad... esas pequeñas grandes cosas que te dan ilusión y te permiten sobrevivir a la macabra rutina diaria. Había quedado con ellos, y una vez más, el trabajo me alejaba de mi gente y de mi vida personal.
Ahora ustedes dirán: "Bueno, pero por lo menos te pagarían un buen pico", jajaja, permitan que me ría. Al día siguiente acudí puntual al trabajo (por aquel entonces ya estaba trabajando por la mañana nuevamente, lo cual contaré en el próximo post). No hubo dietas, no hubo pago de horas extras, no hubo días libres, no hubo agradecimientos. Así funcionaba mi jefe. Ni un simple gracias o un tómate el día libre. Estuve mirando las facturas de esas fechas, y mi empresa había emitido dos: una por un valor de casi 1800 euros y otra por valor de unos 5.000 euros. Nuestro trabajo estaba en alguna de ellas, pero nosotros no vimos ni un céntimo en dietas o gratificaciones, así que esas palabras de:"la empresa va mal" o "no hay dinero" no me las puedo creer. Cuando intentamos exigir que se pagaran dietas para siguientes trabajos o que hubiera algún tipo de compensación, no vean la cara que puso mi jefe y la mala leche que cogió. En su mirada ponía: "ladrones, me quieren robar".

5 comentarios:

sofia dijo...

Me gusto tu blogg tiene lecturas bien interesantes, y esta muy bonito.
saludos
Sofi

Er kemao dijo...

Gracias Sofía. He mirado los tuyos y ¡qué diferentes son comparado con el mío y hablando de cosas de la vida! Sigue así. Un saludo.

Es lo de menos dijo...

La verdad es que nos tienes a todos en ascuas con tu ex empresa, por lo menos a mi. No sé si alguna vez conoceremos el nombre, pero te deberian de fichar como Director de MArketing, como mínimo, por la publicidad que les estas dando.

De todas maneras, me sigo preguntando que razón tan poderosa debías de tener para haber aguantado tanto tiempo. Al paso que vas podrás escribir un interesante libro sobre cual es la típica empresa donde no apetece trabajar.

Er kemao dijo...

jajaja, gracias por el interés suscitado. Es interesante que cualquiera que vea algún indicio de lo que me ha pasado a mí(y a muchísimos más) en su empresa, esté atento para no cometer los mismos errores. Hace poco, otro lector me preguntó lo mismo y más o menos lo expliqué en un comentario del primer post.

http://erkemao.blogspot.com/2006/11/prembulo.html

Espero pueda aclarar algo, pero se podría resumir con la palabra "idiota", que creo que es la más apropiada para definir mi actitud en esa empresa.
;) gracias por seguirme y aguantarme

essays dijo...

This story was interesting. The pictures were cool. Thank you.