08 noviembre 2006

El primer verano II

La segunda experiencia que recuerdo de aquel verano o estío ;) fue otro problema con un cliente. Señoras y señores que leen este blog, ¡los informáticos tenemos una profesión de alto riesgo! Sí sí, no sólo riesgos psicológicos, sino también riesgos físicos, más allá de la electrocución, el dolor de ojos, el dolor de cabeza, que explote un monitor o te intente morder una impresora. Uno de los mayores peligros para un informático, a parte de su jefe, es: ¡un cliente cabreado! Y todavia peor; un cliente enrehostiado. No importa si tiene la razón o no. No importa si fue él/ella quien metió las zarpas. No importa donde sople el viento. ¡Sólo importa que usted/tú eres su presa y te va a merendar!

A lo que íbamos: me dijeron que formateara e instalara un sistema Windows 95 para un cliente, que tenía un 486 con MS-DOS. Al día siguiente, el equipo estaba listo con todo lo que se había pedido. Un jornada después, aparece el ordenador con el sistema corrupto, es decir, aquello no iba ni poniéndole ruedas y tirando. Volví a instalarlo todo y devolverlo. Veinticuatro horas más tarde, el ordenador petaba de nuevo. Yo, que era un inepto para muchas cosas en aquel momento, no sabía que estaba ocurriendo. Conclusión del cliente: "a mí siempre me ha funcionado bien el ordenador hasta que lo cojiste tú!". Ni que decir tiene que yo estaba todo cortado y nervioso. Por tercera vez, instalé todo de nuevo. El cliente se lo llevó, pero el siguiente día, directamente, vino a por mí, es decir, ¡¡a darme de collejas!! Yo estaba en la parte superior y no veía nada, pero oía una discusión abajo. Era el cliente alegando con las chicas de logística y administración. En un arrebato intentó subir por las bravas a donde yo estaba. Más gritos. Lo que recuerdo es un tipo todo enrojecido con las venas a ras de piel. Más rojo que el color del texto. He visto luces de navidad que brillaban menos que ese cliente. Visto la mala leche que traía y el tamaño de los antebrazos, me dispuse a orbitar Plutón cuando terminara de subir las escaleras. Eso sí, pillé el destornillador más grandote que tenía a mano e hice testamento. Afortunadamente todo quedó en una intentona. ¡Pero menuda tarde! Al final gracias a mis compañeros y a unas pruebas, establecimos que uno de los módulos de memoria fallaba y por lo tanto se corrompía el sistema. Esto no ocurría en MS-DOS, pero sí en Windows 95. Ese tipo de cosas son muy difíciles de hacer entender, por eso muchos técnicos de diversos ámbitos nos encontramos con un problema de comunicación con algunos clientes, que pueden responder de una forma violenta en casos extremos.

Nunca más le volví a arreglar un equipo a ese hombre, pero no nos llevamos mal. Todo se olvidó y quedó como una anécdota. Yo lo recuerdo con una sonrisa. Aquellos que tienen trabajos de este tipo saben lo que se pasa cuando das todo y las cosas no salen por muchos tiempo y esfuerzo que le eches. Los que trabajan de cara al público también se harán una idea ;)
Y ustedes se preguntarán:" y mientras tanto, ¿dónde estaba el jefe? ¿cómo resolvió la situación?" Jajaja, no estaba y no resolvió nada. Me lo tuve que resolver yo, y con ayuda de compañeros. Mi jefe nunca, que yo tenga conocimiento, increpó al cliente por su acción o trató de mediar a posteriori. Pués señoritas y caballeros, este fue el Padre Nuestro de Cada Día que me tocó vivir los siguientes años. ¡Sólo ante el peligro!

2 comentarios:

Isaac M. dijo...

Joder, tio, ¡¡se me han saltado las lágrimas y se me ha puesto el vello de punta!!. Me siento tan identificado...
Enhorabuena por tu blog.

Er kemao dijo...

Isaac, espero que no hayas tenido que correr para escapar de un cliente loco XD
Gracias por comentar.
Un saludo.