22 noviembre 2006

Las traiciones del jefe

Con los nuevos cambios que se estaba produciendo, no tardarían en caer mas víctimas. Hacia finales de ese año 2000, si la memoria no me falla, perdimos a otro compañero. En este caso, por causas diferentes. Él llevaba más tiempo que yo en la empresa. Uno año más para ser exactos, y como me había ocurrido a mí, "realizó" las prácticas en la empresa y se quedó trabajando, como todos los nuevos, por un sueldo más que discutible. También era miembro, del selecto club, de los pringadillos de la tarde. Muy buena persona. Su contrato terminó cerca del fin del verano, y como nos había pasado a otros, estaba en espera de que lo renovaran, pero mientras tanto seguía trabajando. Ignoro las excusas que el jefe le daría para no tener su nuevo contrato a punto, puesto que si seguía currando es que lo querían en la empresa. Las semanas pasaban y no le decían nada. En esta situación y valorando los antecedentes de la empresa, decidió irse porque dudaba mucho que le renovaran. Desde el punto de vista de la empresa (en mi opinión personal) la coyuntura era ciertamente interesante: tener a un trabajador formado y conocedor de la empresa, pagándole lo justo, sin la empresa pagar a la seguridad social y a hacienda, y encima tenerlo retenido con falsas expectativas de renovarle (el que calla otorga, como dice el refrán). ¿Cúanto tiempo más le hubieran tenido así, si no se hubiera ido? ¡Menudo ahorro para la empresa! La panacea de la productividad empresarial malentendida.
Como decidió marcharse, paso directamente al club de los traidores. No importa si el jefe quería que se quedara o que se marchara. Bastó con que tuviera iniciativa propia e inesperada para la empresa. Al igual que el compañero anterior fue calificado como: mal profesional, que la empresa había hecho más por él que él por la empresa, etc... Si quedó algún fleco suelto, la culpa, por supuesto, era suya que había dejado colgada a la empresa. Otro final mancillado para un trabajador que había cumplido sus obligaciones.

1 comentario:

steelyhead dijo...

Por supuesto que la historia es creíble, siempre pasa eso con los buenos empleados.
Te comprendo.
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